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Adiós Juárez
October 11, 2011
Llegué a El Paso (Texas) al atardecer. Ya había vislumbrado desde el autobús a una ciudadela llena de casas desdibujadas y enconadas. Cuando le pregunté al chofer si habíamos llegado me dijo que sí, y que las casas que yo veía con tanto asombro pertenecían a México.
Me encontraba en una asignación para cubrir una especie de protesta llamada “Freedom bus”, como aquellas que se hicieron famosas en la década de los sesenta y setenta cuando se movilizaron millones de personas en EEUU para luchar por los derechos civiles.
La diferencia era que en este bus éramos sólo 60, y acaso eso. Yo era hasta el momento el único periodista. Habíamos salido de Dallas (Texas) y nuestra primera parada fue Odessa (Texas) y luego, al día siguiente, hicimos otra escala en Las Cruces (Nuevo México) para luego llegar a Nogales (Arizona) y finalmente a Phoenix (Arizona). Allí protestarían frente a la sede del Alguacil del Condado Maricopa (Joe Arpaio) y gritarían, hasta la sociedad, que la polémica HB 1070, que aún no entraba en vigor, es discriminatoria.
Yo iba, repito, como periodista, así que tenía que mantener la cordura y ser lo más objetivo posible. Difícil tarea. Todos en el viaje cantaban y hacían alusión a los derechos de los inmigrantes y al presunto racismo que aún se mantiene en el sur del país. Cómo dormir con esa efervescencia conmovedora.
Pero esa noche, la primera del periplo, tuve que cubrir la conferencia de prensa y luego escribir un informe, enviar fotos y video e inmediatamente hacer otro para un canal de televisión local en Dallas. Ya eran las diez cuando decidí ir a mi habitación y ver desde el balcón aquellas luces del otro lado que iluminaban las calles transitadas de Ciudad Juárez.
Era inquietante saber que estaba a un paso de México, de la frontera. Bajé al lobby para buscar al organizador. Cuando lo encontré me dijo que nos iríamos temprano a Las Cruces y que no pasaríamos cerca para ver el muro fronterizo.
¿Cómo es posible que después de tantos años de escribir sobre inmigración y temas relacionados no pueda ver de cerca la frontera si la tengo a un paso? Le demostré mi disconformidad. Al día siguiente me hicieron caso y el autobús se desvió para que todos lo vean. Fue una experiencia única.
Sin embargo, cuando me quedé sólo en el lobby la noche anterior, inicié con desesperación la búsqueda de alguien que me llevara a Juárez, aunque sea un minuto.
¡Quiero cruzar la frontera hermano, ayúdame! ¡Aunque sólo sea para verla! Ya eran las 11 de la noche. Un colega de El Paso se ofreció a llevarme lo más cerca posible pero a cambio tenía que llenarle el tanque de gasolina. Me llevó a varios lugares, pero en uno de esos sitios nos bajamos y yo, con cámara de video en mano, traté de acercarme a la muralla esa metálica, militarizada.
Estaba a punto de tocarla cuando de pronto- y no sé de dónde porque fue veloz - apareció una camioneta blanca con letras verdes; era la patrulla fronteriza.
El oficial se bajó y preguntó qué hacíamos. Mi colega le explicó mientras yo grababa el asunto. Nos dijo que no podíamos estar allí porque las vías del tren donde estábamos parados era propiedad privada y luego gritó: ¡Apaga esa cámara! Sólo apagué las luces y seguí grabando. Nos fuimos a seguir recorriendo los puentes fronterizos, pero nunca logramos cruzar a Ciudad Juárez.
“Es muy peligroso a esta hora”, me decía todo el mundo. Esa noche no dormí. Me quedé viendo a esa ciudad pálida desde mi habitación. Vi policías fuertemente armados, autobuses viejos recorriendo sus desequilibradas pistas y gente caminando aceleradamente.
Por la mañana me fui de El Paso con una sensación extraña sobre Ciudad Juárez y con una incógnita que hasta ahora no sé cómo responder: ¿por qué siento melancolía por una ciudad que no conocí?

