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Mundo raro

Tres horas

Llegamos a las 4 en punto ... entonces hay mucha bulla en Nogales, Arizona. Unas 100 personas gritan. Protestan a favor de una reforma y cantan en contra de la HB 1070. El alcalde de entonces (Octavio García, hoy procesado por delitos de soborno, fraude y lavado de dinero) tenía su mejor sonrisa. Fotos por acá, entrevistas por allá. A mí me seguía faltando algo.

Son las 5 creo. Me habían dicho que la marcha iba a ser multitudinaria, que en el cruce fronterizo encontraría gente que estaba dispuesta a paralizar a la pequeña ciudad. No pasa nada.

Me acompaña un colega de El Paso. Lo conocí en el trayecto. Nos queda poco tiempo, en menos de una hora tenemos que regresar. Le pregunto al guardia gringo si puedo cruzar hacia el otro lado. Sólo me mira.

Con tarjeta de residencia en un bolsillo y la licencia de conducir en el otro, nos adentramos a Nogales, México.

Hay una reja y una especie de corredor. Sólo caminas unos metros y ya estás en territorio mexicano. No hay preguntas ni nada. Yo voy grabando en video y un oficial de aduanas me dice con una sonrisa sarcástica que ya me vio, que borre las imágenes delante de él y que eso está prohibido. Le comento que lo haré luego, pero es imposible, su rostro cambia de tono. Ya no hay sonrisa. Lo hago. Borro todo.

Son las 5 y 20 quizás. Hay un puesto ambulante de comida y mucha gente en la calle, tránsito y "federales" por todos lados.

A uno le pregunto si puedo tomar fotos. Y con la experiencia del policía anterior, no me la quería jugar. Grave error. El oficial, con una especie de ametralladora de casi dos metros de largo, me "cachetea con la mirada" y me lanza el improperio: "¿y quién te ha dicho que no cabrón?" ¿Alguien te ha dicho que no tomes fotos?".

Hay ruido a lo lejos, como de manifestación. Miro mi reloj nuevamente y le hago al oficial un ademán de disculpas. Sigo mi camino. Queda muy poco tiempo. Me digo a mí mismo: "déjate de preguntar idioteces".

Son las 5 y 30. No veo a mi colega. Escucho a lo lejos un altavoz. Me acerco y hay sólo una docena de personas, la mayoría jóvenes. Hacían más ruido que los 100 del otro lado. Hago mis entrevistas, tomo fotos y video. Creo que lo tengo todo.

Me acerco un poco más. Algunos están encapuchados, no muestran su rostro. Condenan a la ley de Arizona. Unos cuentan que no podrán cruzar la frontera si la ley entra en vigor, que es inhumano, que acelerará el perfil racial.

Son las 5 y 50. Busco a Luis y lo encuentro y después de verificar que tenemos todo el material, regresamos. Ahora sí me interroga un oficial de aduanas. Pero lo básico. Regresamos a las 6 y pico, pero el autobús seguía allí. No se iba sino hasta dentro de una hora. Que había cambio de planes. “…ta mare”. Me lamento. Una hora es una hora. Pudimos haber hecho mucho más con una hora extra. Pero hay que escoger y mandar el material. El autobús está estacionado cerca del cruce fronterizo, donde estoy yo sentado, viendo imágenes y escuchando los testimonios grabados. A lo lejos aún observo como flamea la bandera tricolor. Aunque fue poco el tiempo, me queda la tranquilidad de que estuve en México, al menos por unos minutos. Suspiro. El motor se enciende. Regreso a mi mundo. Hay que mandar fotos primero. El bus avanza. Son las 7 de la noche.

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