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Mundo raro

Gracias Eco

En el 2000 yo vivía en Atlanta y trabajaba como Editor en Jefe de un semanario bilingüe que recién había salido a la luz. Uno de nuestros clientes editoriales era el The New York Times Syndicate, que entre otras cosas, ofrecía páginas pre diseñadas con contenido variado.

Al recibir la nómina de escritores y periodistas que ellos tenían me encontré con una columna mensual escrita por Umberto Eco que se ofrecía únicamente en inglés. La ejecutiva de cuentas del NYT, al enterarse de que yo era además traductor, me ofreció la columna que llegaría luego a todos los medios más importantes de América Latina y España. Claro, tenía que traducirlos.

Tuve suerte. Era la envidia de mis colegas de la Asociación de Traductores de EEUU (ATA, en inglés) y el orgullo de mi padre, que en esa época aún vivía. ¿Quién no quisiera tener como cliente al NYT pero más aún traducir al destacado novelista, filólogo, ensayista, semiólogo autor de El nombre de la rosa y del Péndulo de Foucault?

Es uno de los logros más importantes. Por espacio de tres años pude divertirme con las columnas que esperaba con ansias para devorármelas por completo y llevarlas al castellano. La que más recuerdo es la que criticaba a los periódicos actuales de haber eliminado la posición de corrector de estilo.

La triste pero obvia realidad es que en el mundo actual, no solo el artículo llega a la imprenta directamente desde la computadora del periodista, sino que además, en un periódico diario los suplementos regulares tienen más de cien páginas y ninguna persona es capaz de leer esa cantidad de material, línea por línea, antes de la medianoche”, escribió Eco.

O también una en la que compiló las frases trilladas del entonces presidente George. W. Bush como por ejemplo «Hemos perdido mucho tiempo hablando de Africa con justicia.Africa es una nación que sufre una increíble enfermedad». (Rueda de prensa, 14-09-00).

Eco ha cumplido 80 años y el mundo entero lo ha celebrado con cientos de páginas sobre sus libros, dicho y entredichos. Su onomástico me hizo recordar aquellos años en los que gocé de sus escritos y pude darlos a conocer a un gran público. Gracias Eco.

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